miércoles, 21 de enero de 2009

Carta para el hijo que no tengo



Más te vale, Benjamín, que te guste el nombre que te voy a poner. Lo elegí porque así se llamó mi bisabuelo y porque me parece ‘cool’ poder decirte Benja delante de mis amigos (o sea, tus tíos de cariño).

Mas te vale que no seas llorón, ni heredes mi ridícula estatura, pero eso sí: ay de ti que no salgas con un bonito lunar como el que yo tengo en el cachete.

Mas te vale también que seas fanático del futbol y seas hincha de la ‘U’ y me acompañes al estadio los domingos. Si quieres, hasta compro un palco en el Monumental. Todo con tal de que no empieces con la mariconada de que te gusta el básquet o, peor, el tenis.
Lo único que podría gustarte más que el futbol es la natación, porque así podría treparte sobre mis hombros –como hacía tu abuelo conmigo– y entrenarte para que seas un eximio clavadista en Acapulco (o en La Herradura, lo mismo da).

Más te vale, hijo, que tu primera borrachera te la pegues conmigo: sería extraordinario que nos vayamos de farra juntos y regresemos de madrugada, y tu mamá nos esté esperando molesta y en bata.
Más te vale que me hables de sexo y de drogas con la naturalidad con que me podrías hablar, no sé, del colegio o del perro labrador que supuestamente te voy a comprar.

Más te vale, compadre, que me seas sincero; es decir, sé que eventualmente me mentirás para salvarte de un cocacho, pero trata –por lo menos trata– de mirarme como a uno de tus amigos, porque de hecho tú vas a ser uno de los míos, y más te vale que te vaya gustando esa idea.

Más te vale, Benjamín, que no seas periodista ni mucho menos poeta. Desde que tengas dos años, en vez de leerte esos calzonudos cuentos de hadas como Cenicienta, te voy a leer teorías de Economía y Medicina, profesiones rentables que te harán millonario. Ya me lo agradecerás.

Y más te vale, chibolo, que no me vengas con la pendejada de que tienes alma de punk o subte o gótico o dragqueen o Emo. Te reventaría las costillas, por decir lo menos.

Pero sobre todo, hijo, más te vale que nazcas algún día, porque aunque no se lo digo a nadie, ni a tu abuela ni a tu madre (que, como tú, aún no existe) hay algunas noches en que me miro al espejo, pienso en tu abuelo, y sospecho que yo, francamente, también podría ser un papá de puta madre.

Renato Cisneros, Busco novia.

1 comentario:

yguana rosa dijo...

Maravilloso.

Sin palabras. Mas me voy repleta de emoción.
Gracias por compartir...

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